Santander no existe

«París no existe», me explica de sobremesa mi amigo Carlines, que echó los dientes por las calles parisinas, fue estudiante en La Sorbona, ultra del PSG, callejeó hasta el amanecer por el Barrio Latino, recluta-bombero en Pigalle y ahora dirige allí un instituto de secundaria. Y aun así insiste: «París no existe. Es un museo, un decorado para pasear a los turistas, nada más. Allí no vive nadie».

Los parisinos, en cambio, sí que existen: viven y se mueven en los alrededores de París. Algunos a muchos kilómetros, incluso. El centro, el París-París que queda dentro del Boulevard Périphérique, más que prohibitivo, resulta inalcanzable para los parisinos de a pie, que como mucho pueden visitar la ciudad, pasearla, pero no realmente habitarla.

Algo así sucede con otras metrópolis, claro: ¿quién puede realmente vivir en Manhattan? O pónganse a buscar un piso en Madrid, dentro de la famosa ‘almendra’, y luego me lo cuentan.

En Santander, en cambio… Pues tal vez la situación no sea tan grave, pero esperen dos décadas. Porque, si hubo una crisis, con una burbuja pinchada y dramáticas caídas de precios, en el sector inmobiliario local parece que no llegaron a enterarse. Comprar tu propia casa en la capital es una quimera, y más en una comunidad donde los salarios no son precisamente los de Luxemburgo. Generaciones enteras se han visto, y se verán, relegadas a la periferia.

Con el ayuntamiento librando una guerra no declarada al tráfico –al estilo de Madrid Central–, los santanderinos de las afueras cada vez tenemos más difícil acceder al centro de la ciudad. Justo allí donde los comerciantes se lamentan de la falta de clientes. En fin, que dentro de nada Santander no existirá. Será un decorado para turistas.

[Publicado en EL DIARIO MONTAÑÉS el domingo 2 de octubre de 2022]

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