Tan hechos estamos ya a los argumentos truculentos y las noticias espectaculares, que al final el caso de la estatua de Seve Ballesteros se nos ha quedado en muy poca cosa. Vamos, que en lugar de peli de Hollywood la cosa ha acabado en sainete patrio, en historieta grotesca y cañí que no da ni para tebeo de Mortadelo.
Y eso que el asunto prometía, con su obra de arte, su personaje famoso a más no poder y su punto de misterio. Pero vamos, ni coleccionistas ni guante blanco ni na’ de na’: chorizos cutres… y haciendo chapuzas. Vamos, que es todo muy desolador, desde los motivos del robo hasta que acabaran troceando la escultura, que ya es triste que un personaje tan querido acabe así, aunque sea en efigie.
El caso es que todo fue por el vil metal, literalmente. Y es que claro, ¿a quién se le ocurre hacer una estatua de cobre, con lo cotizado que está en los bajos fondos? O sea, que según y como, dejar treinta mil euros ‘en metálico’ en plena calle era toda una provocación, y que volase, cuestión de tiempo.
Esperemos que esta recolección no se ponga de moda, porque no tendría ninguna gracia llegar un día a Puertochico y encontrarse con que Pepe Hierro se ha ido hasta LaMona a tomarse su sol y sombra, o que los raqueros se hayan echado un cole y no aparezcan. Menos mal que José Cobo usó bronce en vez de cobre, porque si no ya les habríamos visto…
Lo curioso es que esta gente que lo mismo secuestra mitos que deja sin luz barrios enteros –y sin el menor remordimiento– no cayera en la cuenta de que el valor sentimental y patrimonial de la obra era mucho, pero mucho mayor. Y ahí sí que hubieran podido sacar pasta…
[Publicado en EL DIARIO MONTAÑÉS el 1 de febrero de 2026]

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