Nada que ver

Buscando una peli en Filmin, me asalta el pensamiento de que no tengo suficiente ocio para tanta oferta. Que las posibilidades son casi ilimitadas pero mi tiempo libre limitado. O limitadísimo, vamos.

Calculándolo por la cuenta de la vieja, me harían falta varias vidas simultáneas para poder ver no todo, sino una décima parte de todo lo que tengo contratado. Así por encima, entre Netflix, Amazon y Movistar+, las cuentas familiares que compartimos de HBO, Disney y Sky, más las opciones gratuitas como RTVE play y algunos repositorios de cine hispanoamericano, podría pasarme el día entero viendo películas o series sin repetir ninguna, y hasta sin saltarme la ley. Y eso sin contar con la suscripción de Spotify o con los canales de fútbol de pago, que ahora para ver al Racing hay que soltarle la panoja a DAZN, no sea que con las nuevas campañas para delatores algún amateur te denuncie por los cincuenta pavos de la recompensa.

O sea, que acaba uno trabajando varias horas a la semana solo para tener disponible esa enorme y variada oferta a la que, en realidad, no vas a sacar nunca todo el partido. Como cuando me apunto al gimnasio, me suscribo por encima de mis posibilidades. Al menos, las temporales.

Ya nos pasaba con los libros, que desbordaban las estanterías y se acumulaban en el garaje, en los armarios, en el pasillo… y algunos hasta llenaban con ellos la bañera o le colonizaban el coche. Y muchos morían sin que nunca llegaras a abrirlos.

Con las plataformas pasa más o menos lo mismo: del noventa por ciento ni te enteras de que existen. Hay tanto, que al final, harto de dar vueltas buscando, acabas tragándote cualquier cosa, rumiando para tus adentros: «si es que no hay nada que ver…».

[Publicado en EL DIARIO MONTAÑÉS el domingo 8 de febrero de 2026)

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *