El caso de la cierva Pepa ha conmocionado estas navidades la vecina montaña leonesa, con su poquito de ‘Qué bello es vivir’ y su mucho de ‘Tiempos modernos’ o, peor aún, ‘El proceso’ kafkiano. Todo ha ocurrido en La Vecilla, en la cuenca del río Curueño, donde una cierva solitaria –en concreto, una venada– se coló hará más o menos un año en la finca de Javier Alonso, vecino y además dueño del bar del pueblo. De manera espontánea, el animal decidió quedarse en la finca y poco a poco se fue habituando al contacto humano, hasta el punto de que Pepa, que así la ‘bautizaron’, seguía a Javier por todo el pueblo, como una mascota, pero en completa libertad.
Se hizo querer mucho ese animal manso al que las vecinas ofrecían pan, pero su popularidad debió de correr demasiado porque hace un par de semanas se plantaron en el pueblo los técnicos de la Junta castellana, con el recetario de multas en una mano y la normativa de medio ambiente en la otra. No solo pretendían sancionar a Javier, sino además llevarse a Pepa. Que, por cierto, hizo caso omiso de los requerimientos de las autoridades y anda, por el momento, en paradero desconocido.
Antes de que a la venada se le aplique la crueldad administrativa –presa segura de cazadores, su destino es el sacrificio–, la asociación Empatía ha lanzado una campaña para que se permita a Javier conservar su custodia o, al menos, se la recoja en un ‘santuario’ especializado. Treinta mil almas lo han avalado ya con su firma. Eso sí, que le condonen la multa: no puede ser que abatirlo a tiros salga mucho más barato que cuidar a un animal que se te acerca.
[Publicado en EL DIARIO MONTAÑÉS el domingo 28 de diciembre de 2025]

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